>> Proposed budget cuts $1.4B from higher education
>> UC president's open letter to California (English)
En respuesta a la propuesta presupuestal del gobernador Brown, dada a conocer hoy, el presidente de la Universidad de California, Mark Yudof emitió la siguiente carta abierta a California:
Este es un día triste para California. En el presupuesto estatal propuesto por el gobernador Brown, el total de los pagos de colegiatura hechos por los estudiantes de la Universidad de California sobrepasarían, por primera vez en la historia, los fondos que el estado aporta al sistema universitario. Atravesar este umbral trasciende el simple simbolismo y debería ser profundamente inquietante para todos los californianos.
El duradero financiamiento estatal de la Universidad de California desde sus comienzos ha sido crítico para el éxito del estado, afianzando las bases de la octava economía más grande del mundo, moldeando a su sociedad, y sirviendo a sus ciudadanos en millares de maneras. California surgió como la "Gran Excepción" en gran parte como resultado de esta inversión, hecha a través de las generaciones por todos los contribuyentes de California en pos de el bien común.
Es innegable que el gobernador no tenía otra opción. Ha producido, como el mismo le llama, un presupuesto difícil para tiempos difíciles, y la universidad tomará responsabilidad y hará todo lo que pueda para ayudar al estado con lo que es una crisis fiscal, estructural y política. No podemos continuar como si no hubiera pasado nada.
Con este fin, les daré a cada uno de los diez rectores de nuestros recintos metas de reducción de prepuestos específicas y les pediré que creen planes y me presenten un informe dentro de seis semanas sobre cómo cumplirán con ellas. Haremos lo mismo aquí en la oficina central. Después le presentaré a la Junta de Regentes que gobierna la universidad un escenario detallado de los pasos que se requerirían para absorber una reducción de $500 millones de dólares — una que colocaría la contribución anual del estado por estudiante en $7,210 dólares, comparado con los $7,930 dólares (cantidad después que un tercio de la colegiatura pagada por los alumnos se retira, por normas de la universidad, para la ayuda financiera) que tendrían que pagar los estudiantes y sus familias.
La precisión es difícil con una reducción de esta magnitud, pero nos esforzaremos para proteger la calidad que ha hecho a la Universidad de California, y el estado al cual sirve, la envidia del mundo. Mi intención es proteger nuestra misión central académica y de investigaciones tanto como sea posible. Mi preferencia en este momento, y mi sentir sobre la posición de la Junta de Regentes frente a este asunto, es de no pedir aumentos adicionales de la colegiatura; ahora bien, no me puedo comprometer por completo a seguir este curso hasta que la Junta y yo no hayamos examinado el impacto de las reducciones presupuestales permanentes en los campus. También intentaré mantener, si es posible, nuestros programas de ayuda financiera que son vitales para nuestra misión pública de mantenernos asequibles para todos los estudiantes calificados de California, sin importar su nivel de ingresos.
Pero permítanme hablar sin rodeos: Esto no será fácil, y tenemos que considerar todos las soluciones posibles. Los recortes que propone el gobernador requerirán sacrificios, dolor y valentía. Hemos estado trabajando duramente para hacer más eficientes las funciones administrativas, con el fin de generar $500 millones de dólares de ahorros durante los próximos años. Mientras que nos esforzamos por generar los ahorros a la brevedad posible, esto no será suficiente. Con el presupuesto del gobernador, como lo ha presentado, los recortes tendrán que ser drásticos y severos. No se puede negar la realidad de la situación — a medida que se reduce el financiamiento estatal, hay que reducir el presupuesto de la universidad.
Y esto ocurre al mismo tiempo que más alumnos que nunca están solicitando ingreso a los recintos de la Universidad de California. Mi esperanza es que, a partir de este momento, los Californianos comiencen a reflexionar sobre las implicaciones de la disminución del financiamiento estatal de la universidad. El presupuesto que se ha propuesto reducirá la inversión estatal en un 16.4 por ciento adicional; en apenas 20 años el financiamiento estatal de la universidad, calculado por alumno y ajustado para reflejar la inflación, habrá disminuido en un 57 por ciento. El aumento de las colegiaturas ha cubierto sólo la mitad de este déficit.
En su discurso inaugural, el gobernador invocó el espíritu indomable de California. Citó pasajes del diario de su bisabuelo, quien resistió muchas dificultades en su travesía a California en 1852. Es interesante notar que, al mismo tiempo que los antepasados del gobernador embarcaron en su viaje, los Californianos recién llegados al estado ya estaban exponiendo argumentos a favor de una población educada para asegurar la prosperidad del estado, años después que las minas de oro dejaran de ser lucrativas.
"Esperamos tiempos mejores; una época cuando el pueblo de California vuelva a pensar en nuestro estado como una comunidad en pos del bien común", decía un editorial del 10 de octubre del 1851 en el periódico The Pacific. "Cuando hayamos alcanzado esta fase, los maestros serán bienvenidos, se construirán y llenarán los colegios, las academias y universidades, y se proveerán los medios para obtener una educación variada y amplia".
El editorial continuaba: "Cualquier dificultad o desaliento que rodeen el esfuerzo de hacer a California tan rica en conocimientos como lo es en oro, va a disminuir. Las instituciones que avanzan el conocimiento, así como otras que marcan el progreso, el carácter, honor y la virtud del estado llegarán aquí. Es solamente una cuestión de tiempo..."
Hoy, 160 años después, el estado de California se tiene que plantear la pregunta si desea darle la espalda a la sabiduría y la previsión de nuestros antepasados. Con la sabiduría que da la experiencia, debería ser muy claro: hay tanto en juego hoy como en el pasado.

