Por Alan McHughen
La excitación emocional está creando confusión
en cuanto a los temas verdaderos. Primero fue la publicación
de un artículo corto en Nature, una revista
científica respetable, demostrando que las mariposas
monarca podrían sufrir daño al comer polen que
contenga un pesticida que pueda encontrarse en el maíz
transgénico. La sabiduría popular, mas no los
autores, concluyó que la supervivencia de las mariposas
monarca que emigran desde México, se encontraba, por
lo tanto, amenazada. Así empezó la preocupación,
junto con el llamamiento a favor de la prohibición
de la producción de cultivos transgénicos, debido
a la amenaza aparente contra la biodiversidad, como quedó
demostrado por la encantadora mariposa monarca. La angustia
disminuyó únicamente después de que un
grupo de científicos llevó a cabo experimentos
y publicaron una serie de artículos sobre sus investigaciones,
demostrando que la amenaza a la biodiversidad de las mariposas
monarca debido al maíz transgénico es insignificante;
que un peligro mucho mayor para las monarca es, en realidad,
el parabrisas del automóvil. Puesto que nadie pareció
demasiado dispuesto a hacer una campaña contra los
parabrisas, cesaron las protestas.
Luego se publicó un reporte en el que se argumentaba que la integridad genética del teosinte mexicano, planta de la cual se deriva el maíz moderno, estaba siendo contaminada por material genético del maíz transgénico. Nuevamente, aquellos propensos a angustiarse unieron fuerzas y exigieron que se pusiera punto final al desarrollo de cultivos usando tecnologías modernas puesto que este artículo, publicado también en Nature, indicaba que los cultivos transgénicos amenazan la biodiversidad en México. Una vez más, la angustia disminuyó cuando Nature repudió el artículo el mes pasado, concordando con los expertos en tecnología científica que los resultados de la investigación contenían errores y que el artículo no debió haber sido publicado.
Efectivamente, los expertos concuerdan en que el polen del maíz, ya sea de una variedad transgénica o de una planta híbrida común, puede cruzarse con el teosinte, del que deriva su genética, agregando así material genético del maíz al teosinte. Tal mezcla genética es un fenómeno natural, por lo que la mera presencia de plantas de maíz moderno que crezcan en tierras agrícolas mexicanas inevitablemente garantiza que, tarde o temprano, se detectarán genes del maíz en el teosinte.
La amplia cobertura en los medios y la ansiedad sobre amenazas, reales o imaginarias a la biodiversidad en México, hace caso omiso a otra cuestión de importancia fundamental. Es decir, ¿constituye una amenaza a la biodiversidad la polinización cruzada? ¿Se ve amenazada la supervivencia de poblaciones del teosinte progenitor por material genético del maíz moderno?
Para algunos, la polinización cruzada es contaminación genética, y el maíz causante del problema se debe prohibir porque, según el razonamiento, los genes errantes del maíz disminuyen la pureza genética y, por lo tanto, la biodiversidad del teosinte. Para otros, el traslado de genes de planta a planta, incluso de especie a especie como en el caso del maíz y el teosinte, es completamente natural, no constituye una amenaza a la biodiversidad y es un fenómeno del cual no tenemos que preocuparnos.
La evidencia científica indica que la polinización normal entre el maíz moderno y variedades locales antiguas, incluso con el teosinte, no constituye una amenaza significativa a la biodiversidad. Las variedades modernas del maíz han estado disponibles a los agricultores mexicanos por medio siglo. Ciertamente hay evidencia de que se han dado algunos casos de polinización cruzada desde entonces. Y efectivamente, los genes modernos pueden permanecer en las poblaciones. Pero los genes modernos no superan ni desplazan a los genes ancestrales originales. No hay indicios de que la biodiversidad del teosinte haya sufrido a causa de la introducción de los genes modernos del maíz en la segunda mitad del siglo veinte. A menos que los genes modernos proporcionen alguna ventaja ecológica al teosinte receptor, con el tiempo, dejan de existir o permanecen en una proporción minúscula de la población. El maíz transgénico no se cruza con mayor eficacia que el maíz moderno no transgénico que no ha sido mejorado con biotecnología. En resumen, la biodiversidad del teosinte no se ve comprometida por los genes o polen del maíz moderno, inclusive variedades transgénicas.
La verdadera amenaza que enfrentan las poblaciones de teosinte y las variedades nativas de maíz proviene de las poblaciones de humanos, y la creciente demanda de más tierra y alimentos. Al crecer las ciudades, invaden las mejores tierras de labranza. Los agricultores, al tratar de responder a la demanda de más alimentos, sustituyen las variedades anteriores y menos productivas por variedades híbridas nuevas de alto rendimiento. Ambas actividades desplazan a las plantas tradicionales.
Si la sociedad desea preservar el teosinte y variedades locales
antiguas, debemos apoyar los bancos de genes, que están
bien organizados y cuentan con buen financiamiento, y apartar
tierras donde el patrimonio genético pueda ser protegido.
Debemos establecer un sistema reglamentario para variedades
nuevas de cultivos según el riesgo que presenten a
la salud y al medio ambiente, y no según el método
usado para producirlas. Finalmente, debemos fomentar el cultivo
y consumo de variedades transgénicas que rindan mayor
producción y tengan un alto valor nutritivo para satisfacer
la demanda de más alimentos, de mejor calidad, sin
dedicar más tierras a la producción agrícola.
Ciertamente, la biodiversidad en México y otras partes
se ve amenazada. Las distracciones emocionales empeoran el
problema al postergar la aplicación de soluciones reales.
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Alan McHughen es especialista en biotecnología en la
Universidad de California en Riverside y autor del libro "Pandora's
Picnic Basket: The Potential and Hazards of genetically modified
foods."
Este comentario fue publicado originalmente por KRT News
Service.

