Científicos de la Universidad de California siguen
tratando de encontrar métodos para evitar que más
personas sean víctimas del virus del Nilo Occidental.
Hasta el momento, la solución parece ser tan eludible
como los mosquitos que transmiten esa enfermedad que se diagnostica
en mayor número sobre todo en agosto y septiembre.
“De aquí en adelante, la gente debe mantenerse
alerta y hacer lo que sea posible de su parte para reducir
la proliferación de mosquitos y protegerse de sus picaduras”,
asevera Gregory Lanzaro, director del Centro para el Control
de Mosquitos, con sede en el plantel de la Universidad de
California en Davis (UCD).
Comparada con otras enfermedades, la tasa de mortalidad del
virus del Nilo occidental, detectado inicialmente en Uganda
en 1937, es relativamente baja. De hecho, sólo el 1%
de quienes reciben picaduras de mosquitos infectados desarrollan
síntomas cómo fiebre, dolor de cabeza, estupor,
vista borrosa o desorientación; éstos pueden
durar semanas. En algunos casos los efectos son permanentes.
Por su parte, las autoridades de salud de California están
redoblando su atención para prevenir esta enfermedad
debido a que conduce a problemas neurológicos que van
desde encefalitis, meningitis y parálisis. La mayoría
de las víctimas son personas de edad avanzada.
En lo que va del año, en California se han reportado
cuatro muertes y 108 personas infectadas. El año pasado
el virus, que los mosquitos obtienen al picar aves enfermas,
se diagnosticó en 276 personas y causó 7 muertes
en California. En todo el país, hubo 4,269 infecciones
y 177 muertes, según el Centro para el Control y Prevención
de Enfermedades.
“Una cosa es hablar de estadísticas y decir que
ha infectado a sólo el 5% de la población de
Estados Unidos y que tal vez una de cada cinco personas se
enferma.
Pero si uno va al hospital y mira a su abuela en estado de
coma, eso hace que la estadística se vuelva más
real”, remarca Bill Reisen, otro científico de
la UC enfrascado en la lucha contra el virus del Nilo occidental.
Reisen, especialista del Centro de Investigación de
Vectores Causantes de Enfermedades (Center for Vector-borne
Disease Research) de la UC en Davis, dijo que una investigadora
de su laboratorio contrajo el virus hace más de un
año y todavía sufre los estragos del virus del
Nilo occidental.
“El lunes pasado ella no pudo trabajar porque tenía
migraña, dolor de cabeza, mareos –a casi año
y medio de haberse infectado. Y es una mujer entre 20 y 30
años que nunca había tenido complicaciones de
salud”, dijo Reisen de su estudiante de postgrado Keira
Simmons. “Ahora parte de su vida y de su carrera se
ven afectadas”.
“El problema con esta enfermedad es que no discrimina”,
agregó el investigador de la UC acerca de los efectos
del virus. “Hay atletas estudiantes de preparatoria
cuyas vidas se han visto arruinadas”.
Reisen hace notar que el virus del Nilo occidental amenaza
por igual a zonas rurales y urbanas desde su aparición
en Estados Unidos, primero en Nueva York en 1999 y luego en
California en el 2002, debido a la migración de aves
infectadas.
“Primero se detectó en el condado de Imperial
y como pudimos ver en nuestros estudios en el Valle de Coachella;
invadió el condado de Los Angeles al grado de epidemia
en el 2004, salió del Sur de California y llegó
a Bakersfield donde desde entonces es una epidemia”,
dijo Reisen. “En el 2005, también se convirtió
en epidemia en el área de Sacramento”.
Como resultado, el Departamento de Salud del estado está
pidiendo que los californianos ayuden a reducir la proliferación
de mosquitos no dejando que el agua se encharque en su propiedad.
Además, aconseja tomar medidas de protección
personal para evitar picaduras, como vestir camisas y pantalón
de mangas largas y usar repelentes que contengan el compuesto
DEET, y evitar permanecer al aire libre en sitios en que haya
mosquitos, sobre todo en las primeras horas de la mañana
y luego del ocaso.
Lanzaro y sus colegas están buscando todo tipo de opciones
para reducir la proliferación de mosquitos y evitar
sus picaduras: métodos de control biológico
que incluyen la modificación de sus ciclos reproductivos
mediante la genética, y el uso de insecticidas y repelentes
de insectos que a su vez causen el menor daño posible
a especies benéficas y al medioambiente.
Además, ellos estudian la migración y comportamiento
de aves propensas a portar el virus. Igual que las agencias
estatales, piden que el público reporte la presencia
de aves enfermas o muertas.
Por otro lado, Lanzaro encuentra un efecto positivo de la
presencia del virus del Nilo occidental en California, pues
según él, ayuda a reforzar la investigación
de esos insectos y los efectos que sus picaduras tienen en
todo el mundo.
“Seguimos enfocándonos en identificar sustancias
que atraen y repelen mosquitos” explicó. “Pero
yo diría que desde el punto de vista del Programa para
el Control de Mosquitos, el virus del Nilo occidental nos
ha hecho que enfoquemos nuestra investigación en esas
especies de mosquitos que son importantes en la transmisión
de enfermedades”.
Lanzaro es miembro de un proyecto internacional de erradicación
del paludismo y otras enfermedades causadas por picaduras
de mosquitos. Actualmente, él coordina una campaña
de erradicación de mosquitos en varios países
africanos y con esa meta ayuda a entrenar a científicos
de esas naciones en su laboratorio en UC Davis.
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