Antes de usar el salero sin ni siquiera haber probado su platillo,
tenga en mente una recomendación importante de los
expertos en salud: los estadounidenses deben reducir su consumo
diario de sodio para protegerse de la alta presión
arterial que está aumentando de manera alarmante.
Una nutricionista de Extensión Cooperativa de la Universidad de California atribuye gran parte de ese problema a la popularidad de la comida chatarra y alimentos procesados que contienen demasiado sodio.
“Realmente tienen demasiada sal. A la gente en este país le gusta la comida salada”, afirma Joanne Ikeda, co-directora del Centro para la Investigación de Peso y Salud, con sede en el plantel de la UC en Berkeley.
Según el Instituto Nacional de Medicina, el estadounidense promedio consume diariamente el equivalente a dos cucharaditas de sal, aproximadamente 4,000 miligramos. Las pautas nutricionales del gobierno recomiendan no más de 2,400 miligramos. El instituto pide que el consumo baje a 1,500 miligramos para controlar la incidencia de hipertensión.
Para lograrlo, Ikeda aconseja comer menos alimentos procesados y reemplazarlos con más frutas y verduras, que contienen las cantidades de sodio que el cuerpo necesita, además de otros importantes nutrientes.
“Si usted lee la etiqueta de una lata de sopa, un paquete de comida congelada, o una caja de galletas, se dará cuenta de la gran cantidad de sodio que contiene”, señaló.
Ikeda pone como ejemplo un estudio reciente de un grupo de personas hipertensas que consumieron alimentos con menos sal y grasas y a su vez comieron más frutas y verduras. Ocho semanas después, la presión arterial se redujo notablemente en este grupo.
Al principio no es fácil aceptar una reducción drástica de sal en las comidas. “Hay que tener paciencia y esperar unas seis semanas para que las papilas gustativas se acostumbren”, aconseja la nutricionista. “La comida volverá a tener sabor, y le resultará más deliciosa”.
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