LIVERMORE, Calif. 17 de mayo del 2001 - Un
investigador del Laboratorio Nacional Lawrence
Livermore junto a científicos de la Universidad de la Florida,
sede de Gainesville, han atribuido el fin de la civilización
Maya en la zona norte-centro de la Península de Yucatán
a una serie de sequías recurrentes producidas durante un
periodo de 2.600 años.
A través del análisis de sedimentos tomados de los lagos Chichancanab y Punta Laguna, el investigador del LLNL, Thomas Guilderson, quien es parte de un equipo junto a sus colegas David Hodell, Mark Brenner y Jason Curtis de la Universidad de la Florida, determinó que la sequía terminal clásica en las planicies Mayas, que ocurriera entre los años 800 y 1000 DC, fue sólo una en un patrón recurrente de sequías que se extendieron durante los últimos 2,6 milenios.
Sus descubrimientos serán publicados en un artículo titulado "Frecuencia de sequías ocasionadas por el sol en las planicies Mayas" en la edición del 18 de mayo de la revista Science.
Sedimentos tomados de los lagos Chichancanab
y Punta Laguna proveen un
registro altamente sensible de cambios climáticos del pasado.
Las muestras de sedimento exhiben variaciones estratigráficas
en las proporciones de materia orgánica, carbonato de calcio
y tiza. Bajo condiciones de sequía, la tiza se esparce y
preserva en capas de roca sedimentaria y sirve para documentar el
incremento en la evaporación en épocas pasadas.
Los investigadores pudieron hacer las pruebas
de carbono 14 a los sedimentos tomados del lago y estos muestran
que ha habido una frecuencia de sequías cada doscientos años.
Una de las sequías más severas reflejadas por alta
concentración de tiza, entre 125 y 210 DC, es consistente
con la evidencia pedológica y arqueológica por un
período de sequedad severa en El Mirador al norte de Guatemala
y puede haber contribuido al abandono del sitio alrededor
del año 150 DC. Inclusive, esta misma sequía coincide
con el abandono de sitios preclásicos en las planicies Mayas
que pueden haber sido una respuesta a una extensa sequía
en la Peninsula de Yucatán. Los mayas dependían extremadamente
de las precipitaciones y reservas de agua en superficie como su
principal suministro de agua. De esto se deduce que
estas múltiples fluctuaciones en las lluvias de décadas
a siglos probablemente tuvieron un impacto perjudicial en la producción
de alimentos y la cultura mayas.
El ciclo de sequías de 208 años
parece tener correlación con la actividad solar. Una prolongada
evaporación (sequía) ocurrió durante tiempos
de intensa actividad solar. Los mecanismos por los cuales un cambio
tan pequeño en la actividad solar (radiación proveniente
del sol) produce dramáticos cambios climáticos son
desconocidos y requieren un significativo mecanismo
amplificador.
"El registro paleoclimático está
repleto de indicaciones de centenarias sequías escaladas,
las cuales son mucho peores que cualquier cosa contenida en el registro
instrumental o moderno", dijo Guilderson. "Al estudiar
climas del pasado podemos comenzar a comprender como un sutil cambio
(al momento de forzar tan pequeño aumento en radiación
debido a variabilidad solar) es amplificado y propagado a través
del sistema climático. El sistema es
demasiado complejo como para confiar solamente en modelos climáticos.
Si éste es o no un corolario directo del incremento en los
gases tipo invernadero es debatible, pero la conexión entre
cambio de clima, recursos acuíferos y la cultura humana no
lo es".
Fundado en 1952, el Laboratorio Nacional
Lawrence Livermore es un laboratorio de seguridad nacional nuclear,
con la misión de preservar la seguridad nacional y aplicar
la ciencia y la tecnología a los temas importantes de la
actualidad. El Laboratorio Nacional Lawrence Livermore de la Administración
de Seguridad Nacional Nuclear es administrado por la
Universidad de California.
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Comunicados de prensa y fotos del Laboratorio también se
encuentran
disponibles electrónicamente en la Red Mundial en www.llnl.gov/PAO.

