Irvine, Calif., 22 de octubre del 2001 -- El reducir las muertes causadas por el cáncer del útero entre las latinas requerirá programas educativos más organizados y procedimientos de oficina más eficientes, según un estudio del Colegio de Medicina en la Universidad de California en Irvine.
El estudio contó con la participación de más de 500 pacientes en las clínicas del Centro Médico de UCI, e indica que los médicos y los departamentos de salud pública necesitan desarrollar mecanismos más sensitivos y convenientes para brindar mejor acceso a los servicios de salud y también encontrar maneras de aumentar los conocimientos acerca de los peligros que presenta la enfermedad. Los resultados del estudio fueron presentados en la reunión anual del American Public Health Association en Atlanta.
El cáncer del útero le sigue sólo al cancer del seno en su incidencia entre las mujeres. Se puede tratar facilmente si se detecta en sus primeras etapas. Sin embargo, este cáncer es de los más mortíferos causando unas 4,900 muertes entre los 15,700 nuevos casos al año, según el National Cancer Institute (NCI). El cáncer se asocia con el virus HPV virus y se diagnostica con la ayuda de una técnica conocida como la muestra del "Pap".
Mientras que el Pap ha resultado en un marcado declive en las muertes causadas por el cáncer uterino, las mujeres de ciertos grupos étnicos y de bajos ingresos aún tienen altas incidencias de la enfermediad. La mayoría de los investigadores y médicos atribuyen esto a la falta de seguimiento luego de la muestra de Pap.
El Dr. Alberto Manetta, profesor de oncología ginecológica, y Sue Howe, una analista en el Coegio de Medicina, y sus colegas encontraron que las latinas en un centro comunitario de salud tenían mínimos conocimientos en comparación con las no-latinas en cuanto a lo que tenían que hacer luego de que un médico encontrara que su muestra de Pap estuviera fuera de lo normal. Además, las latinas tendían a creer que el cáncer uterino era incurable y por tal razón no regresaban luego que la muestra encontrara crecimientos anormales. Los investigadores encontraron que casi el 40 por ciento de las mujeres con muestras Pap anómalas no regresaban a recibir tratamiento.
"Este estudio demuestra dos principales motivos por los cuales la incidencia del cáncer uterino es más alto en este grupo étnico", dijo Manetta. "Primero, no hay suficientes clínicas y oficinas que brinden acceso a un tratamiento sensitivo y sensato. Esto incluye tener materiales y personal bilingües, transportación, servicios para el cuidado de los niños y seguros. En segundo lugar, el programa que actualmente trata al cáncer es incómodo, requiriendo tres o cuatro visitas para el diagnóstico y el tratamiento. Hemos encontrado que una sóla visita puede eliminar muchos de estos problemas logísticos y al menos aumentar los índices de detección".
La encuesta de 376 latinas y 66 no-latinas halló que el 83 por ciento de las latinas desconocían los procedemientos de seguimiento acostumbrados después de una muestra de Pap anómala, comparado con el 68 por ciento de las no-Latinas. Alrededor del 61 por ciento de las latinas creían que podrían regresar a recibir tratamiento en cualquier momento, comparado con el 31 por ciento de las no-latinas. Y el 31 por ciento de las latinas entendían que el regresar para más visitas era muy inconveniente, comparado con el 6 por ciento de las no-latinas. Casi la mitad de las latinas en la encuesta pensaban que la buena salud era más cuestión de suerte que de tener conocimiento o tratamiento, comparado con el 3 por ciento de las no-latinas. Sin embargo, tanto las latinas como las no-latinas reportaron tener mucha confianza en sus médicos.
"Esta alta confianza nos indica que los médicos tienen tremendo potencial para educar a más de sus pacientes acerca de la importancia de la revisión", dijo Manetta. "Esto es una oportunidad para brindar la educación bilingüe necesaria y hacer más eficiente el incomódo proceso que se utiliza ahora para tratar el cáncer uterino".
Manetta y sus colegas están trabajando en un estudio de cuatro años auspiciado por el NCI para determinar cómo los programas de una sóla visita pueden impactar el diagnóstico y tratamiento del cáncer uterino. Están investigando cuales programas educativos y de acercamiento pueden alentar a los grupos étnicos a obtener las muestras Pap y su diagnóstico para prevenir o tratar a la enfermedad.
Manetta y Howe, quien ahora se encuentra en San Diego State University, fueron asistidos en el estudio por F. Allan Hubbell, Jeffrey Schu, Hoda Anton-Culver y Wendy Brewster, todos de UCI.
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